Luego se dio la vuelta y se marchó apresuradamente.
Patricia se levantó para seguirla, pero Laura la detuvo.
—No la sigas, es inútil —dijo Laura.
La reacción de aquella mujer solo confirmaba que era Oksana. De otro modo no hubiera huido tan precipitadamente.
—¿Entonces nos vamos? —preguntó Patricia, resignándose.
—¿Le diste tu tarjeta y ni siquiera te quedaste a ver qué hacía? —Laura sonrió—. En mi opinión, deberías esperar un poco más. Seguramente volverá a buscarte pronto.
Era obvio que necesi