—Patricia... —Laura apenas iba a hablar cuando la puerta de la sala de descanso se abrió.
Patricia levantó la mirada y se encontró directamente con los ojos burlones del hombre. Pensó que Laura había acertado, este hombre había llegado más rápido de lo esperado.
—¡Vino a buscarte, hablen tranquilos, los espero afuera! —Laura empujó suavemente a Patricia mientras se ponía de pie. Se arregló la ropa antes de voltear y al ver al hombre, lo saludó con una sonrisa—. Señor Elizondo.
—Señora Soto.
—Llá