—¡Laura, ¿qué quieres decir?! —Miguel intentó agarrarla, accidentalmente tirando de su toalla.
Laura gritó sorprendida. —¡Miguel, ¿qué haces?!
—¡Tu pelo está mojado, no puedes ir a la habitación! —Miguel, para disimular su vergüenza, se dio vuelta y le arrojó una toalla sobre la cabeza—. ¡Sécalo! —su tono era urgente.
Laura se quitó la toalla. —¡Devuélveme la otra toalla!
Su voz involuntariamente adquirió un tono tímido y suave.
Miguel arqueó las cejas, se acercó con la toalla y comenzó a secarl