Miguel habló despacio, con un tono tan pesado que sonaba más a una amenaza que a un agradecimiento.
Carlos sostenía su copa con manos temblorosas, un sudor frío perlando su frente. — Como padres, es nuestro deber ser buenos con Laura. ¡Señor Soto es demasiado amable! — tartamudeó.
Lina temblaba de pies a cabeza, aterrorizada. — Laura, ven a visitarnos más seguido. ¡Te extrañamos mucho! — Su voz sonaba entrecortada.
Había captado el mensaje oculto en las palabras de Miguel. Todos decían que él te