Laura se quedó perpleja. No esperaba esa pregunta de su abuela, que ni siquiera conocía a Miguel. ¿Cómo podía saberlo?
Su reacción fue una confirmación para Adriana, cuyos ojos brillaron con lágrimas. Se culpaba por ser una carga para su nena, convencida de que Laura se había casado con Miguel por dinero, pues los gastos hospitalarios eran demasiado altos para cubrirlos solo con su trabajo.
—Nena, si él no te ama, si no eres feliz, déjalo —dijo Adriana. Una mujer no necesitaba casarse ni tener h