Mario no se atrevía a decirle este tipo de as cosas al señor Soto.
De vuelta en su oficina, cerró la puerta para llamar a Santiago.
Después de la llamada, suspiró aliviado y fue a reportarse a la oficina del presidente.
Tras el breve informe, volvió de inmediato a sus tareas.
Si bien su salario era alto, la intensidad del trabajo era enorme, disponible las 24 horas.
Estaba ocupado, agotado, y con el mal humor reciente del señor Soto, frecuentemente trabajaba hasta tarde, perdiendo tanto cabello