Jenny temía que Laura aprovechara ese instante para seducir a Miguel. ¡Eso no podía permitirlo!
—Esta noche tengo que ocuparme de asuntos de la empresa, no tengo tiempo —respondió en ese momento él.
—¿Y si traes el trabajo aquí? Miguel, tengo miedo... —la voz de Jenny se quebró y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Hablamos luego, ve a cenar. Adiós —Miguel frunció el ceño. A veces le molestaba que Jenny llorara por todo.
Al otro lado de la línea, Jenny apretaba el teléfono con fuerza, su rostro d