Maite colgó apresurada después de hablar. Miguel la aterrorizaba, pero le encantaba la idea de que castigara a Laura.
Miguel miró el teléfono en absoluto silencio, su rostro cubierto por una expresión aterradora. ¡Laura se había pasado de la raya!
En ese preciso momento, las puertas de emergencia se abrieron.
Miguel corrió a preguntar —¿Cómo está ella?
—En realidad, su condición no es buena— suspiró el doctor —Si esto continúa así, podría perder al bebé.
Nunca había visto una embarazada que se