Mi cuerpo se siente como si hubiese corrido una maratón de la que claramente no estoy listo. Por eso, gimoteo mientras alguien golpea levemente mi rostro llamando mi nombre, implorando que me despierte.
— Marcela, despierta, por favor.
— No va a despertar así, quizás si le doy un beso como en los cuentos. — dice alguien.
— Inténtalo y entonces, serás el príncipe con un tiro en la cabeza. — responde alguien más.
— Ella es mía, hermano. Por mucho que te enojes me elegirá Noah.
Me quejo porqu