—Mueve los pies, Libi. No dejes de moverlos.
—No vayas a soltarme.
Irum la sostuvo de las manos y Libi pataleó hacia él con el afán desesperado de mantenerse a flote y sobrevivir. Logró llegar hasta él y lo aferró con fuerza, tosiendo y escupiendo agua.
—Nunca vi a nadie con tan mala coordinación.
Ni flotar lograba. Cuando se quedaba quieta, se iba hasta el fondo.
—No... no sobreviviré a tus clases de nado... Mejor sigo enseñándote a cocinar.
Irum era un estudiante destacado, a diferencia de