—¿A dónde vas?
La pregunta de Irum y el tono enérgico que usó dejó a Libi estática a pasos de la puerta. No había ido a dormir a la habitación ni había desayunado con ella y se aparecía de repente y gritando.
—Quedé en ir a almorzar con Lucy, fui al despacho a decírtelo.
—No estaba en el despacho. ¿Irás a contarle todo lo que ocurrió? ¿Esa mujer alcahueta no tiene nada mejor que hacer que entrometerse en nuestros asuntos?
—Ni yo misma entiendo lo que está pasando, ¿qué podría contarle? Y no ha