Frente a los restos de pizza que se enfriaban en la mesa de centro, Lucy tecleaba en el sillón. Libi dibujaba acostada sobre la alfombra.
—Llevo ocho páginas, el resto lo rellenamos con tus dibujos.
—Los dibujos son para la presentación. ¿Qué tal me están quedando? Creo que estoy poseída por el espíritu de Joan Miró.
—Que te posea Miguel Ángel y me haces un David de mi tamaño, pero mejor dotado.
—Qué sacrilegio —murmuró Libi. Se llevó el lápiz a la boca, pensando qué más agregarle a su dibu