El tiempo es relativo. A veces, cuando el miedo apremiaba, podía vivirse toda una vida en apenas un parpadeo. Eso le pasó a Libi. En el instante en que sus ojos se encontraron con los oscuros de Irum, todo el tiempo que compartieron se desplegó ante ella.
El principio se fundió con el fin y el estruendo del atropello estalló en sus oídos. El pasado se quedó en el pasado y el presente fue la cafetería. La campana sobre la puerta sonó cuando alguien entró y una moneda rodó al caérsele a un hombre