—En el fondo siempre quisiste ser el jefe, admítelo.
Sentado tras el escritorio principal de la oficina, Alejandro tecleaba con la vista en la pantalla de su portátil.
—Claro que no, la primera línea no es lo mío, prefiero trabajar desde las sombras —aseguró el abogado.
Frente a la ventana, mirando cómo la estación invernal se cernía sobre la ciudad, Irum no le creyó.
—Lo has hecho muy bien todos estos años siendo el jefe. Armaste un imperio desde las cenizas y te aplaudo por eso.
—Sólo hice l