Un mensaje llegó al teléfono de Libi justo cuando estaba por salir de la habitación, lista para la guerra. Era Marcelo, avisando que estaba afuera. Sus hombros se relajaron y devolvió el b4te a su escondite.
—Todo está bien. Veré qué quiere el tío Marcelo. Ya vuelvo.
Espi asintió, no muy convencida.
Parado en la entrada, Marcelo oyó cómo Libi corría el sillón para desbloquear la puerta.
—Me diste un gran susto. ¿Pasó algo?
—Tal vez no debería estar aquí. Iba de camino a juntarme con unos am