Libi rio a carcajadas al llegar a una casa que era idéntica a la que aparecía en el set de bordado que había comprado Rafael. Las probabilidades de acabar descuartizada en la zanja disminuían a medida que sus palabras se confirmaban. De momento, mentiroso no era.
La amiga también existía, se llamaba Claudia y era efectivamente cirujana. También le presentaron a Jorge, el marido abogado y ya sólo le faltaba conocer a la bestial anaconda traga perros.
—Su piel es muy fría —Libi la tocaba apenas