Tras una ducha, Libi se metió a la cama. La piel quemada por el sol se le desprendía por todas partes. Era como una serpiente, que cambiaba de piel para crecer. Ella también crecía.
Como no tenía sueño, tomó el libro que tenía en su velador. Nunca antes había leído uno de autoayuda, pero ante su desesperada situación, estaba probando de todo, hasta aromaterapia. La habitación olía a lavanda y sándalo, esencias ideales para reducir la ansiedad... Y el miedo.
A la una de la mañana la pesadez en s