Hiz lo observó con intensidad y sintió su respiración contenerse.
—Puedo hacer eso y mucho más. Haré que te bese los zapatos si eso es lo que quieres —dijo Dober.
¿Eso era una trampa?, ¿por qué le decía eso?
Dober se levantó y caminó hasta ella, estiró su brazo izquierdo y tocó su frente.
—Respetaré la privacidad de tu mente, desde ahora no podré leer tus pensamientos.
Ahora se veían fijamente y Hiz notó la sinceridad en sus palabras.
El comandante de la inteligencia de los Diamantes en la ciud