Esa tarde Hiz estuvo esperando a su madre. Aprovechó que Dober había salido a hacer un recorrido por la ciudad con sus hombres para poder relajarse en un sillón y admirar el paisaje de la naturaleza: en todo tiempo meditando sobre su vida y lo que cambiaría de ahora en adelante.
De repente, por el rabillo del ojo izquierdo notó una luz grisácea moverse en el centro de la habitación. Volteó a ver y observó que del interior de la luz aparecía un hombre.
Ella estuvo a punto de gritar por la impres