Era ese fuego en su interior lo que más cautivaba a Gavriel. No le quedaba nada... ni poder, ni protección, y sin embargo, no se acobardaba. Cualquier otra loba en su lugar habría suplicado misericordia, pero Althea se mantenía firme. Quizás era coraje... o tal vez la terca creencia de que su padre eventualmente vendría por ella.
Gavriel se sentó en el borde de la cama improvisada, con la mirada fija en ella. Lentamente, se inclinó hasta que solo una pulgada los separaba. Una leve y divertida s