Lejos al sur, en una caverna iluminada por la luz del fuego, el rugido de Caín sacudió las paredes de piedra. Sus puños se estrellaron contra la roca, dejando grietas y una lluvia de polvo.
—¿La manada Espina Sombría ha desaparecido? —su voz era baja, letal.
El mensajero cayó de rodillas, temblando.
—S-sí, Alfa. El Rey Alfa la tomó. La renombró como la manada de la Sangre Naciente… ahora es su territorio.
Las fosas nasales de Cain se dilataron.
—¿Y mi hija?
El silencio se prolongó.
—Ell