Solo había un lobo que la llamaba por ese apodo.
—¿Kael? —susurró ella.
Y allí estaba él. Kael Moore. Ese familiar cabello rubio alborotado y esos cálidos ojos marrones que la miraban como si no hubiera pasado el tiempo. Era el hijo del Alfa de la manada Nacida de la Ceniza. La manada del sur más cercana a su territorio. Ella y Kael prácticamente habían crecido juntos; habían sido pareja en la infancia, en todos los sentidos importantes.
Él sonrió con calidez y soltó un suspiro de alivio.
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