La espera fue más corta de lo que imaginaba. O, tal vez, mi ansiedad había logrado diluir el tiempo de tal forma que no supe cuánto pasó hasta que mi teléfono vibró con un mensaje de texto. Lo tomé con manos temblorosas y lo leí. Era Xander: "Estoy abajo. ¿Quieres que suba o prefieres que salgamos?"
Mi corazón dio un vuelco. Durante unos segundos me quedé observando la pantalla, debatiéndome entre salir a su encuentro o pedirle que esperara. Pero la necesidad de verlo, de sentir su presencia ce