El sonido del agua cayendo en la ducha aún resonaba en mi mente mientras me sentaba frente al espejo, tratando de no parecer tan cansada como me sentía. Dormí mal, otra vez. No fue insomnio esta vez, fue el malestar. Las náuseas, los mareos, el maldito nudo en el estómago que parecía no querer aflojarse. Pero no podía rendirme a eso. No ahora. No con tanto por hacer, con tantas cosas que cuidar, que sostener, que proteger.
Me maquillé con lo poco que tenía en el bolso: una base ligera, correcto