El aire olía a café recién hecho y a papel impreso. La oficina aún estaba vacía cuando crucé el umbral del edificio de Hart Tech, minutos antes de que diera inicio la jornada laboral. Las luces frías de los pasillos se encendían a mi paso, como si el edificio respondiera a mi presencia. Aquella hora de la mañana, cuando todo el mundo aún dormitaba en la rutina, era la única que sentía mía. El silencio, el control absoluto del espacio, la posibilidad de ordenar el caos antes de que comenzara.
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