Mi teléfono vibró sobre la mesa de noche, rompiendo la calma como un golpe seco. Ambos nos sobresaltamos un poco. Xander me miró con una ceja arqueada.
—¿Esperas una llamada? —preguntó con tono bajo, sin soltarme del todo.
Negué, estirando el brazo con pereza hasta alcanzar el celular. La pantalla mostraba el nombre de Adrián. Mi estómago se tensó de inmediato. Me incorporé de golpe, cubriéndome con la sábana. Xander también se tensó.
—¿Hola? —contesté, tratando de dismular mi tono.
—Ivy —dijo