El avión tocó tierra poco después del mediodía. A pesar de haber dormido durante buena parte del vuelo, me sentía agotada. No era un cansancio físico, sino emocional. De esos que se instalan en los huesos y te persiguen incluso cuando tratas de disimularlo con una sonrisa ante tu equipo.
Adrian se despidió con un abrazo suave en la puerta del aeropuerto, su mirada decía más de lo que cualquiera de los dos se atrevía a poner en palabras. Emma y Sarah se quedaron a mi lado mientras el resto del e