Volví al apartamento más tarde de lo habitual esa noche.
El silencio me recibió como una vieja amiga. La clase de amiga que sabe exactamente cuándo no tienes nada más que ofrecer y simplemente te abraza sin hacer preguntas. Dejé el bolso sobre la encimera y me quité los tacones de un tirón, como si pudiera liberar parte del peso de todo lo que arrastraba con un simple movimiento.
Me dirigí directo al sofá, sin siquiera encender las luces, y me dejé caer con un suspiro. Desde la ventana del livi