La calma que precede a una batalla es un tipo de silencio diferente. No es paz. Es el aire conteniendo la respiración, el instante suspendido antes del estruendo. Y esa era exactamente la atmósfera que se respiraba en mi penthouse, que se había convertido en nuestro centro de mando. Habían pasado veinticuatro horas desde que escuchamos la grabación de la traición de Adrian. Veinticuatro horas en las que Ivy y yo apenas habíamos dormido, trabajando codo con codo, convirtiendo su dolor y mi furia