La calma que precede a una batalla es un tipo de silencio diferente. No es paz. Es el aire conteniendo la respiración, el instante suspendido antes del estruendo. Y esa era exactamente la atmósfera que se respiraba en la pequeña sala privada contigua al salón de conferencias del hotel. Eran las 7:55 de la mañana. En cinco minutos, caminaría hacia un enjambre de periodistas, analistas y cámaras, todos ellos afilando sus cuchillos, listos para desangrar la historia que Xander les había servido en