La fractura no dolió al día siguiente.
Eso fue lo inquietante.
No hubo incendios en el norte.
No hubo enfrentamientos en el claro.
No hubo más símbolos tallados en los árboles.
Hubo rutina.
Y la rutina, después de una grieta, es más peligrosa que el conflicto abierto.
Me desperté antes del alba, cuando el cielo aún estaba gris y el aire tenía esa humedad fría que se pega a la piel. Desde mi cabaña podía oír los pasos de los primeros en tomar guardia. No había urgencia en ellos. Tampoco relajaci