La fractura no llegó como una explosión.
Llegó como una línea apenas visible en la superficie.
Una línea que, si no la mirabas con atención, parecía parte natural de la madera. Pero que, si presionabas con el dedo, revelaba que algo debajo ya no estaba unido.
El cuarto día desde que los primeros cruzaron al norte, Umbra Lux dejó de ser un solo ritmo.
No hubo pelea.
No hubo traición abierta.
Hubo una decisión.
Cinco más pidieron permiso para cruzar el límite.
No huyeron.
No se escabulleron.
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