Dentro de la pequeña habitación, ella comenzó el proceso de reunir sus pertenencias. Herramientas de dibujo, bocetos preciosos y su ropa se apilaban sobre la cama. Tras meterlo todo en una maleta, exhaló un suspiro y se dejó caer en el colchón, tomándose un momento de respiro.
La tranquilidad de la estancia se vio interrumpida por el insistente timbre del teléfono de Beth. Una sonrisa se extendió por su rostro al ver el nombre de Alexander iluminar la pantalla. Ella respondió:
—¡Hola!
—¿Dón