A Beth se le encendieron las mejillas aún más y se giró rápidamente hacia Aurora, intentando disimular con una suave risita.
—¿De qué estás hablando? Solo estoy... admirando la decoración.
La risa de Aurora fue ligera y melodiosa, y sus ojos brillaban con diversión.
—Ah, claro. La decoración. ¿Así es como llamamos ahora a los hombres altos, atractivos y rompecorazones?
Beth puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar la sonrisa que se le dibujó en los labios.
—Eres incorregible, Aurora.
—Y tú