Me desperté con Jace de pie al pie de mi cama.
No sentado. No acercándose. Solo de pie en la oscuridad, con la ropa de ayer, mirándome como si intentara resolver una ecuación que no tenía solución.
Me incorporé rápido, el corazón ya acelerado. «¿Qué...?»
«Enséñame la muñeca.»
Su voz era plana. Vacía de una manera que resultaba peor que la rabia.
Apreté el brazo contra el pecho automáticamente. «Estoy bien.»
«Enséñame.»
Algo en su tono me hizo extender el brazo. Los moretones se habían oscurecid