Esperé en mi habitación hasta que oí la ducha.
Conté sesenta segundos después de que parara. Luego otros sesenta. Asegurándome de que ya estaría vestido, compuesto, de vuelta a cualquier versión de sí mismo que reservaba para las mañanas.
Cuando salí ya estaba en la encimera de la cocina. Café, periódico, tableta apoyada contra el frutero. Normal. Completamente normal.
Levantó la vista. «Buenos días.»
«Buenos días.»
Eso fue todo. Todo el intercambio. Como si la noche anterior fuera algo que le