*PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**
La mujer parecía ser una mujer de pocas palabras, no parecía muy habladora, como era evidente en sus gestos y su postura.
Solo levantó una ceja y me miró como si yo fuera una niña tonta que estaba haciendo berrinches, luego miró en dirección a la escalera por la que Dante había caminado hacía un par de minutos.
—Bueno, lo eres —dijo, casi tan calmada y serena como Dante.
—Maravilloso —murmuré para mí misma en voz baja. Hasta su ama de llaves era un terror.