CAPÍTULO 30

Al abrir la puerta me topo de frente con Dara, la que al verme siendo infeliz, sonríe.

—Tú ganas… —Levanto mi mano, ya no hay anillo en ella, se lo he dado a Clarissa para que lo guarde.

Dara asiente, haciendo un puchero lamentable.

—Te dije que ganaría, yo siempre gano, querida. Por cierto, luces de maravilla… —ríe—. Sería tan fácil sacarte el medio por haber asesinado a mi hermano, pero no quiero más problemas. Eres una perra m*****a.

Sonrío sintiéndome como ida, drogada, flotando en un lugar que ya no es este.

—Al menos me siento bien por él, pasó a mejor vida. —Me encojo de hombros, consiguiendo que ella me tome del brazo con fuerza—. Te dije que era capaz de cualquier cos

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