Su corazón se aceleró.
Luna miró a los profundos ojos marrones de aquel macho y se dio cuenta de que lo que había dicho había sido muy audaz.
Sintió el calor de sus manos, la aspereza de su piel contra la suya.
“Nunca es tarde para merecer”, ¿qué estaba pensando cuando dijo tal cosa?
Se quedó paralizada, sin poder soltar su mano.
El macho mantuvo su mirada fija en ella, y sus ojos marrones parecían desear redención.
¿O Luna estaba imaginando todo eso? ¿Quería creer que aquel macho cruel y de re