Su barriga estaba roncando, y el chico revolvió su bolsa en busca de cualquier salvado de comida que pudiera haber quedado.
No había nada. Desafortunadamente Dimitri ya había devorado el resto del conejo y las bayas hace horas.
Llevaba horas caminando por la carretera y pensó que le faltaba un caballo. No es que no intentara hacer autostop con los carroceros que lo pasaron.
Obviamente nadie se detuvo.
Él continuó caminando mientras el sol se elevaba en el cielo.
Los cascos de un caballo qu