Reina
Por un instante, me dije que no había oído bien. Que tal vez, solo tal vez, había oído mal, o que el hecho de haber echado el mejor polvo de mi vida seguía afectándome.
Seguía absorta en ese pensamiento, hasta que Caine decidió devolverme a la realidad. No creía posible sentirme más tensa, más ocupada o más consumida, pero mientras los dedos de Caine se enredaban en mi pelo, sentí su peso moverse bajo mí.
Seguía enterrado en lo más profundo de mí, una presencia densa y palpitante que hací