David observaba a Iliana cantando. De vez en cuando, ella, llena de alegría, se lanzaba a bailar un baile picante frente a todos, lo que lo molestaba mucho. Gritó para que entraran unas chicas.
—¡A cualquiera de ustedes que cante mejor que ella y baile más bonito, le daré cien dólares por canción!
Las chicas, al oír esto, corrieron a elegir sus canciones, una tras otra.
Este acto de David hizo que Iliana perdiera las ganas de cantar. Al regresar, le dio una patada furiosa y se sentó en el sofá.