El susto invadió a Valeria cuando levantó la mirada y vio a aquel hombre.
Su aspecto despeinado y una mirada casi demente la hicieron dar un paso atrás.
—Creo que se ha confundido —dijo intentando liberar su muñeca de su agarre.
—Anna, sé que cometí errores, ¿podemos volver a casa? —suplicó el desconocido, aferrándose más fuerte a su mano—. ¿No me quieres? ¿Ni siquiera a nuestra hija?
Ella percibió una amenaza en su tono, así que decidió no responder, temiendo que cualquier palabra pudiera enoja