Había cruzado el pasillo minimalista hasta llegar a la puerta del despacho del presidente. Valeria tocó suavemente la puerta.
—Adelante —resonó una voz grave desde el interior.
Al abrir la puerta, Valeria alzó la vista y de inmediato vio al hombre sentado detrás de un escritorio de caoba. Vestía un traje color gris acerado con corbata, luciendo muy formal.
Su rostro bien definido mostraba un ceño fruncido, desprendiendo un aura de tensión...
—Señor Soler —dijo Valeria al entrar, depositando una