Sophia llegó a casa de Tammy, tocando la bocina para indicar que había llegado. Tammy salió por la puerta principal cargando una bolsa grande. La sonrisa en su rostro era definitivamente contagiosa.
—¡Hola, jefa! Gracias por pasar por mí. ¡Estoy más que lista para comerme el día!
Sophia soltó una carcajada: —¡Yo también! Vamos por un café y pensemos en cómo vamos a reconstruir la oficina.
Condujeron hasta la cafetería, charlando sobre sus planes e ideas. Una vez allí, se acomodaron en su mesa h