~Valerie
Al día siguiente, dejé la puerta de mi habitación ligeramente entreabierta. Me dije a mí misma que era solo para ventilar, pero mi corazón estuvo acelerado toda la tarde. Cuando cayó la noche, llegó el sonido familiar.
Toc. Toc.
—¿Val? —llamó el tío Miguel, y la presión de su mano hizo que la puerta se abriera completamente—. Voy a entrar —dijo.
No respondí. Solo me tapé la cabeza con la manta, escondiéndome en la oscuridad.
—Val, Val —volvió a llamar suavemente. Cerré los ojos con f