Oliver estaba trastornado.
Conducía de regreso a la empresa a una velocidad inferior a la habitual. Los cláxones resonaban cada vez que un auto pasaba a su lado. Por lo tanto, Oliver sabía que estaba en piloto automático. Su cuerpo estaba allí, pero su mente estaba en Ashley y en la historia que ella había inventado.
Nunca quiso tener hijos. Los motivos que lo llevaban a esa decisión eran cicatrices de una infancia completamente perturbada. El corazón de Oliver empezó a latir más fuerte cuando