Marina temblaba detrás del volante. Si no hubiera llegado a tiempo, tal vez Valentina ya no estaría con ellas. Solo Dios sabría lo que le habría sucedido a esa pobre niña.
— Debes estar más atenta — continuaba reprendiendo a la niñera, que lloraba descontroladamente — esa mujer estaba lista para poner sus manos en Valentina.
— Perdóneme, señora Marina — pero los sollozos le impedían seguir hablando.
— Imagina si Ashley se entera de esto — no miró a la mujer — confié en ti cuando la recomendé pa