Abelardo, señor. — dijo haciendo una reverencia.
Bien Abelardo, si eres tan amable… — el mozo le cedió el paso, deseándole una buena noche… Carlisle subió la pequeña escalera y se dio con un escenario demasiado íntimo. Parecía que la noche se había confabulado con su pequeña esposa, mostrando un cielo estrellado y una Sophie llena imponente, flotando en una bóveda oscura. La zona donde estaba la mesa estaba decorada con velas, protegidas por graciosos farolitos formando un cuadrado de luz sobre