-¡Se ven tan tiernos así! -chilló la voz de Garret desde la puerta. Su tono era juguetón, pero había una evidente preocupación en su voz.
Estos últimos días había desarrollado la costumbre de quedarme dormida en el cuarto de Roderick después de jugar con él. Siempre terminábamos juntos, él acurrucado en mi regazo, y yo sin fuerzas para regresar a mi cuarto. Abrí los ojos lentamente, bostezando mientras intentaba orientarme en la penumbra de la habitación. Lo primero que hice fue acomodar a Rod